Yo estudié la carrera sin que nadie antes me hubiese enseñado a estudiar. ¿Te ha pasado a ti lo mismo?

Aprendí a estudiar- y todavía no estoy cien por cien segura de hacerlo bien- a base de práctica, de pruebas y ensayo, de aplicar procedimientos y técnicas que iba eligiendo en función del tipo de contenidos y de los resultados que iba obteniendo.

Los primeros recuerdos que tengo de “estudiar con mayúsculas” se remontan al curso de octavo de EGB con la asignatura de Historia (Sociales) Recuerdo que era un libro “ya de mayores” con pocas fotografías, la letra muy pequeña, sin dibujos y muy grueso. Aquello se me atragantaba porque el sistema de estudio que había utilizado hasta entonces, que era la pura y dura memorización, no me servía para tanto volumen de materia. Fue entonces cuando empecé a ser consciente de que no se podía estudiar así, tenía que inventarme algún método nuevo para retener aquellos contenidos sin tener que memorizarlos todos. ¿Qué podía hacer? Nadie me lo había explicado en el colegio. Resolví la situación a base de echarle horas de trabajo y de aplicar el sentido común. Primero leía con atención y tratando de comprender y después iba tomando nota de todo lo que me parecía lo más importante. A partir de entonces siempre estudié con un papel y un bolígrafo en la mano, hacía resúmenes, esquemas o simplemente una lista numerada de las ideas fundamentales que extraía de los textos que leía.

Hoy día, como madre y como profesional de la educación, revivo esta situación a diario a través de mis propias hijas y de los alumnos que reciben apoyo escolar en el Centro donde trabajo. Y no deja de sorprenderme que, siendo uno de los factores que determinan el fracaso escolar, todavía no se hayan tomado medidas eficaces respecto a este tema en el ámbito educativo.

Para todos los profesionales de la educación supone un problema contemplar los altísimos índices de fracaso escolar. Este fracaso académico no solo es consecuencia de problemas o deficiencias cognitivas, muchas veces se debe a que la forma de estudiar que utiliza el alumno no es la adecuada.

 

Principalmente, son los maestros que desde los primeros años guían nuestro aprendizaje los que asumen la responsabilidad de enseñarnos a estudiar, sin embargo no en todos los casos se trata este tema en las aulas con la importancia que merece, teniendo en cuenta que será determinante para nosotros en todas las demás etapas educativas.

La enseñanza y aplicación de técnicas de estudio en la etapa de primaria generalmente se resuelve utilizando los recursos que los mismos libros de textos presentan. Suelen aparecer las ideas principales que el alumno debe retener o memorizar destacadas mediante recuadros sombreados al final de cada epígrafe o se incluyen esquemas al final de cada unidad. Sí, hay buenas intenciones pero no es el mejor método para que el alumno piense, razone, busque y comprenda, es dárselo hecho y al final lo que se consigue es resumir lo que tienen que memorizar: las ideas destacadas o el esquema. Lo que deben hacer los profesionales de la educación es enseñarles a extraer esas ideas principales y enseñarles a elaborar esos esquemas o resúmenes.

No vamos a engañarnos. No es fácil intentar enseñar estudiar a los niños y niñas ni a chicos y chicas de edades superiores, porque ya partimos de un problema inicial que es la resistencia que muestran a ser activos en su aprendizaje. Este problema está motivado por los modelos tradicionales de enseñanza puesto que les hacemos aprender para superar exámenes y no por el propio placer que puede suponer cualquier aprendizaje. Pero, como cambiar el sistema por el momento se nos escapa de las manos, por qué no centrarnos por lo menos en intentar que el camino para aprender les resulte más ameno y menos costoso.

Para mejorar la técnica de estudio debemos tener en cuenta algunos factores fundamentales como:

  • Organizar y planificar el tiempo.
  • Habilitar un ambiente adecuado de estudio.
  • Encontrar la motivación para estudiar y lograr los objetivos propuestos.
  • Mejorar la compresión lectora.
  • Usar el subrayado, realizar esquemas, sintetizar y aprender a memorizar.

Hoy en día hay iniciativas privadas para integrar la técnica de estudio en la enseñanza reglada que son dignas de tener en cuenta y quiero destacar, en este artículo, una de ellas que conocí hace poco escuchando un programa de radio

y que me parece muy interesante no solo para los profesores sino también para los padres, que somos los que “sufrimos” en casa con nuestros hijos los ratos de estudio y que muchas veces provocan situaciones desagradables que estropean nuestra relación.

En el programa entrevistaban a una profesora de primaria llamada Ana García Simal, que ha escrito un libro titulado  Manual de técnicas de estudio para padres y profesores: cómo enseñar a estudiar a nuestros niños de primaria.

Esta profesora imparte cursos de técnica de estudio en bachillerato y al darse cuenta de las importantes carencias que encontraba en los alumnos de estas edades empezó a analizar lo que se debería hacer en los niveles educativos anteriores para subsanarlas.

Así llegó a la consideración de que se deben enseñar y aplicar técnicas de estudio en el colegio,  desde primaria,  de una forma sencilla y pautada que permita a los alumnos sentar las bases de un estudio independiente y eficaz y adquirir cuanto antes hábito de estudio.

En el libro propone un método en seis pasos para enseñar a estudiar y son los siguientes:

  1. Ojeada– Abrir el libro en la página o páginas que tengamos que estudiar y preguntarse ¿qué sé de esto? observando todos los apartados y los dibujos o fotografías. 5 minutos.
  2. Lectura comprensiva– 15 minutos.
  3. Subrayado– Muy poquito, para realizar luego un golpe de vista para poder preparar un esquema y así hacemos un esqueleto del tema.
  4. Esquema
  5. Memorización– con el esquema y el libro se cuenta el tema, se explica a alguien (“jugamos a profes”)
  6. Repaso-Traer el esquema a la cabeza.

La autora también insiste en otros aspectos importantes para mejorar todo lo que afecta al estudio, como elegir bien el lugar de trabajo y que sea el espacio habitual, la programación y optimización del tiempo, el ejercicio físico, etc.

Confieso que no he leído el manual pero me pareció muy interesante su propuesta no solo como profesional del sector educativo sino como madre. Porque al final acabamos siendo los padres los responsables de que nuestros hijos estudien y hagan la tarea diaria que traen del colegio y es una “pelea”  constante y agotadora que estropea los pocos momentos que podemos pasar con ellos, porque la mayoría de las veces genera conflictos. En el libro, Ana Simal, una de las claves que plantea es premiar el estudio, es decir, ofrecer una recompensa a nuestros hijos, que, en el caso de los mayores, puede ser salir a hacer deporte, jugar a la Play, ver la tele, etc. pero en el de los pequeños propone algo tan “sencillo” como ofrecerles un tiempo de juego con ellos después de la tarea. Y dice textualmente la autora: “para un niño el mayor premio no son los juguetes, sino el tiempo de ocio que les dedicamos” ¡Qué gran verdad!

 

Aprender a estudiar es posible, hacer que el aprendizaje resulte placentero a nuestros hijos y alumnos debería ser nuestro principal objetivo. ¿Por qué no intentarlo?

 

Asunción Valiente Fernández

Licenciada en Filología Hispánica

 

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